1907 – MATANZA DE OBREROS HUELGUISTAS EN RÍO BLANCO, MÉXICO

1907 – MATANZA DE OBREROS HUELGUISTAS EN RÍO BLANCO, MÉXICO

 MATANZA DE OBREROS HUELGUISTAS EN RÍO BLANCO, MÉXICO

MATANZA DE OBREROS HUELGUISTAS EN RÍO BLANCO, MÉXICO

Río Blanco, Veracruz.- Martes 8 de enero de 1907.- Ochocientas personas, entre obreros de la fábrica de hilados y tejidos y sus mujeres e hijos, son brutalmente asesinados hoy por elementos del Ejército comandados por el general Rosalino Martínez, quien llegó desde Orizaba a pedimento de los dueños de la factoría que no podían controlar la sublevación de los trabajadores iniciada ayer en esta ciudad, a raíz del asesinato de una mujer que pedía maíz en la tienda de raya.

Los obreros amotinados tomaron ayer las instalaciones de la empresa textil, desoyendo el llamado del ronco silbato para entrar a sus labores, según lo ordenaba el Presidente de la República, prefiriendo lanzarse a la huelga, porque sus peticiones de mejor salario habían sido burladas.

Frente a la fábrica, pintada de cal, con sus interminables hileras de ventanas por donde no salía el rumor de los telares, los obreros se aposentaron con sus esposas e hijos, dispuestos a no dejarse intimidar por las órdenes presidenciales y asesorados por sus líderes Rafael Moreno y Manuel Juárez.

Sin embargo, otros grupos habían preferido la violencia y desde ayer se dedicaron a incendiar la tienda de raya y algunas instalaciones de la empresa. El motín fue creciendo y hoy se ha vuelto incontenible, pues hasta las casas de muchos trabajadores sublevados habían asaltado, comercios y casas, y mientras unos escondían el botín en las cuevas cercanas a esta ciudad, otros pretendían destruir las presas y el sistema eléctrico de Orizaba.

Aproximadamente como a las once de la mañana, llegaron a todo galope batallones de caballería con el general Rosalino Martínez al frente, quien de inmediato mandó a fusilar al teniente Gabriel Arroyo, diciéndoles: ¡Al pueblo no se le toca!

Los tres pelotones de soldados hicieron lo contrario de los rurales, pues Rosalino Martínez ordenó que se llevase a cabo una cacería en todas las calles de la población y sus alrededores de Orizaba, dando muerte no solamente a los obreros rebeldes, sino también a sus esposas e hijos. Los que pretendieron escapar en tren, se les bajó a culatazos y junto a los rieles se les ha fusilado; a los que habían huido al monte, se les persigue y asesina entre los matorrales.

Se informó hoy mismo que los dueños de la fábrica de hilados de esta ciudad, llamaron por teléfono al Gobierno del Estado, solicitando la ayuda inmediata y exagerando la situación, de manera que los elementos del Ejército ya venían con la consigna de disparar a los obreros y sus familias, muriendo, por lo tanto, muchos inocentes que ni siquiera han formado parte de los sublevados.

Rafael Moreno, Manuel Juárez y Celerino Navarro, que eran los líderes obreros, fueron fusilados hoy por la mañana frente a las instalaciones de la fábrica, junto con un gran número de trabajadores que dócilmente habían entregado rendidos a las fuerzas del gobierno.

Al caer la noche, una calma fúnebre se extendió por toda la ciudad, aún cuando se sabe que los soldados a caballo siguen persiguiendo a los sublevados por las cercanías de Orizaba. En esta ciudad sólo se escuchan los llantos de los pocos deudos de los que fueron muertos brutalmente y nadie se atreve siquiera a asomarse a las puertas de sus casas, por temor a recibir una descarga de fusil.

Las instalaciones de la fábrica de hilados fueron cerradas y custodiadas por los soldados quienes tienen orden de disparar a cualquier obrero que se acerque. Se sabe, asimismo, que muchos de los trabajadores de la fábrica se encuentran escondidos en las cuevas de los alrededores o entre el espeso monte, a donde no pueden llegar los soldados.

Cuando los miembros del ejército terminaron con su brutal matanza en esta ciudad, las campanas de la Iglesia doblaron sin cesar, mientras las mujeres enlutadas -viudas y huérfanos-, recorrían las calles buscando a sus muertos. Pocas horas después el general Rosalino Martínez era agasajado por los industriales dueños de la fábrica de hilados.

Hoy mismo se corre el rumor de que mañana abrirán las puertas de la fábrica y todos los obreros que se salvaron de la matanza, tendrán que retornar a su trabajo, so pena de tener la misma suerte de sus compañeros victimados.

LO QUE SE ESCRIBIÓ EN SONORA DE LA HUELGA DE RIO BLANCO

Los sucesos de Río Blanco se han conocido en la historia oficial, como la Huelga de Río Blanco, sin embargo en esa localidad la patronal fue quien había cerrado la fábrica y no los trabajadores, los obreros que sí habían declarado la huelga pertenecían a las fábricas de Tlaxcala y Puebla. La rebelión que tuvo lugar en Río Blanco respondía a la inconformidad con el decreto de Porfirio Díaz y el paro patronal que afectó a todos los obreros textiles de la zona.

Las lágrimas derramadas en Río Blanco no fueron olvidadas. Un periodista que visito el año siguiente la fábrica encontró a los trabajadores aún conmovidos por el “horrible espectáculo”.

En 1910, en el aniversario de la tragedia, UN OBRERO ESCRIBIÓ EN EL Paladín. Hoy es el triste aniversario en el que hace tres años nuestros hermanos fueron sacrificados”. El trabajador rendía homenaje a todos aquellos que murieron y esperaron por mejores días de libertad.

Poco después de que fueron escritas estas palabras, el régimen fue derrocado y ahora gobernaban nuevos hombres pero la lucha de los trabajadores apenas empezaba. En los años siguientes el nombre de Río Blanco fue invocado en muchas causas y en muchas ocasiones porque el sufrimiento de los obreros era igual que en los viejos tiempos. Con el paso de los años la huelga de Río Blanco se convirtió en símbolo de la unidad proletaria.

Al estallido de la Revolución en 1910, la organización de los trabajadores del sector textil en los Círculos Obreros había sido desarticulada por la sangrienta represión del 7 de enero de 1907 en Río Blanco, Veracruz, y después, por la labor “profiláctica” del jefe político nombrado para el efecto por Porfirio Díaz. De acuerdo con el relato de John Kenneth Turner, para 1910 los obreros de Río Blanco habían logrado la instalación de más de un establecimiento comercial en donde adquirir sus bienes de consumo.

Pero para ello tuvieron que saquear e incendiar la tienda de raya aquel 7 de enero, un atrevimiento que costó la vida a una cantidad de personas que Turner calcula entre 400 y 800, entre ellas mujeres y niños. El periodista narra que ese día, hambrientos, los obreros y sus familias se amotinaron frente a la tienda para que se les adelantara el pago en especie que les permitiera alimentarse y reanudar las labores después de una huelga de dos meses. Gracias a esa gesta, el control semifeudal de las tiendas de raya empezó a eliminarse para dar paso a la libertad de comercio y al fortalecimiento del mercado interno.

Ciertamente, como algunos sostienen, es muy probable que ninguno de los trabajadores de Río Blanco haya participado en las batallas dirigidas por Emiliano Zapata o Francisco Villa. Pero esos obreros no necesitaron levantarse en armas para ser protagonistas fundamentales de la Revolución Mexicana. Años antes, su lucha había abierto paso al Estado social del siglo XX. Para desmitificar la historia oficial impuesta por tantas décadas, no es necesario retroceder al positivismo del siglo XIX, basta reconocer que los cambios históricos se gestan siempre desde abajo. También que la historia continúa.

Esto conmovió al país entero e inspiró los movimientos que se culminaron con el inicio de la Revolución Mexicana en 1910, aspecto que ratifica a nuestro municipio como “La una del movimiento obrero mexicano”.

Frente al local del Sindicato de Trabajadores de Río Blanco fue levantado un monumento a aquellos precursores; el texto de la placa expresa: Obreros del mundo, este monumento recuerda el lugar donde murieron sacrificados por balas asesinas, los Mártires de la Libertad y del Trabajo, quienes lanzaron el grito de redención en beneficio de sus hermanos.

Lo anterior es parte de la historia periodística que se escribió al siguiente día de la masacre del 7 de enero de 1907 ocurrida en la “Cuna del Movimiento Obrero de México”, Río Blanco, Veracruz.

 FUENTE:

elbuscador.com

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